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Good afternoon. It's my great pleasure. Muy buenas tardes. Es un verdadero placer y un honor declarar abierto el octogésimo primer periodo de sesiones de la Asamblea General. Y declaro abierta la primera sesión plenaria. En virtud del artículo 62 del reglamento de la Asamblea General, invito a las representaciones a ponerse en pie y respetar un minuto de silencio en oración o meditación. Excelencias, señoras y señores, como presidente de la Asamblea General, procedo ahora a formular una declaración. Señor Secretario General, Excelencias, Señoras y Señores, Es un verdadero honor estar hoy ante ustedes como Presidente de la Asamblea General en su octogésimo primer período de sesiones. Comienzo manifestando mi agradecimiento más sincero al Primer Ministro, Tariq Rahman, y al Gobierno de Bangladesh por presentar mi candidatura para este cargo y a todos ustedes por su confianza y su apoyo. Cumpliré mis responsabilidades con todas mis capacidades, con equidad, independencia e integridad. Quisiera rendir homenaje también a mi antecesora, la señora Nalena Berbock, cuya dirección de esta Asamblea durante un año difícil ha sido estelar. Le agradezco el apoyo que me ha brindado a mí y a mi equipo durante la transición. Asumo mis responsabilidades en un momento clave para nuestra organización. Las Naciones Unidas inician su novena década y debemos reconocer los muchos logros que merecen un reconocimiento. Hay uno que destaca por encima de todos durante más de ocho décadas, nuestra organización ha contribuido a que el mundo evitase caer en una tercera guerra mundial. Incluso se podría decir que este es el motivo mismo de su existencia. Las Naciones Unidas también han contribuido a dar forma a una visión de desarrollo para docenas de países, la gran mayoría de los cuales no estaban presentes en la creación de la organización en 1945, y ha contribuido a encarar los retos emergentes y contemporáneos que se le presenta a la comunidad internacional, cambio climático, gobernanza de la inteligencia artificial, que han estado en primera línea en nuestras deliberaciones. Todos los días, muchas veces fuera de los focos, Naciones Unidas y su equipo dedicado de profesionales trabajan para alimentar a millones de personas, incluyendo refugiados y otros desplazados, apoyar la paz y la seguridad, luchar contra enfermedades crónicas y ayudar a los países a atender a retos transfronterizos complejos. Estos son los héroes anónimos de Naciones Unidas, esas personas cuyas contribuciones indispensables no suelen salir en titulares y, sin embargo, su impacto se siente todos los días en las comunidades del mundo entero. En sus esfuerzos incansables podemos ver lo mejor de las Naciones Unidas y el valor perdurable de la cooperación multilateral. Merecen nuestro reconocimiento absoluto. Al mismo tiempo, debemos hablar con franqueza de los grandes retos que tenemos por delante. Las Naciones Unidas muchas veces se han quedado cortas ante las expectativas que se nos habían atribuido. Los conflictos siguen causando un sufrimiento humano inmenso. Los logros de desarrollo Son frágiles. El impacto climático es cada vez mayor. Estos desafíos sumados han hecho que la confianza en el multilateralismo esté sometida a grandes presiones. Hay un déficit de confianza creciente que está poniendo a prueba. esa confianza en las instituciones internacionales y en la acción colectiva. Es un déficit que debemos colmar trabajando de la mano a través del diálogo y una mayor cooperación y resultados. De hecho, la confianza es la fuerza silenciosa detrás de cada acuerdo que alcanzamos, detrás de cada pacto que firmamos y cada resolución que adoptamos. Es el entendimiento de que cada uno de nosotros estará a la altura y cumplirá la parte que le corresponde, cumpliendo los compromisos asumidos. Nuestra responsabilidad hoy no es solo defender esta institución, hay muchos motivos para ello, sin duda, sino reforzarla, no solo invocando la confianza en el multilateralismo de la que depende, sino ganándonos esa confianza día a día. Mi compromiso principal para este 80.º primer periodo de sesiones, colegas y amigos, es trabajar sin descanso para revivir la confianza en esta institución de la que dependerá el éxito de nuestra labor colectiva en última instancia. Esta convicción es el espíritu que está tras el tema de este octogésimo primer periodo de sesiones, restaurar la confianza y gestionar la transformación a fin de que Naciones Unidas generen resultados para todos. Excelencias, colegas, restaurar la confianza requiere resultados y reforma. Debemos demostrar con resultados concretos que esta institución sirve de manera efectiva a los 8.000 millones de personas en cuyo nombre actuamos. Teniendo esto presente, voy a concentrar la labor de esta Asamblea en seis prioridades en el año que tenemos por delante. Primero, y quizás lo más fundamental, hemos de reforzar la paz y la seguridad según la promesa de la Carta, preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra. Con pleno respeto a los mandatos de los órganos relevantes de la organización, colaborar estrechamente con los Estados miembros y con la Presidencia del Consejo de Seguridad y el o la Secretaria General para respaldar la labor de Naciones Unidas en resolución de conflictos, consolidación y mantenimiento de la paz. Inspirándome de los más de 200 000 bangladesíes que han servido en misiones de paz de las Naciones Unidas, defenderé un enfoque centrado en las personas de la paz, que sitúa la prevención y las soluciones políticas en primer plano. Segundo, hemos de acelerar el desarrollo sostenible y velar por que ningún país quede atrás. Solo nos quedan cuatro años para alcanzar la Agenda 2030 y tan solo el 36% de las metas de los ODS están bien encaminadas o están haciendo progresos moderados. La brecha entre ambición y resultados es demasiado grande. Antes de la Cumbre de los ODS de 2027 y apoyándonos en el Compromiso de Sevilla, trabajaré con ustedes para colmar las brechas de financiación de los ODS, avanzar en sostenibilidad de la deuda y lograr reformas de la arquitectura financiera internacional, prestando especial atención a los países menos adelantados, a los países en desarrollo sin litoral y a los pequeños Estados insulares en desarrollo. Trabajaré para reforzar la cooperación con la Unión Africana en apoyo a la Agenda 2063 y convocaré la reunión mandata de la Asamblea General para abordar los retos particulares que encaran los países de renta media. Tercero, y algo indisociable de nuestras ambiciones de desarrollo, hemos de acelerar en acción climática, en particular en materia de adaptación y resiliencia. Trabajaré con los Estados miembros de cara a la COP31 para avanzar en la operacionalización del Fondo de Pérdidas y Daños y defender una mayor financiación climática para los más vulnerables y a los que están en primera línea de las consecuencias climáticas. Este mismo mes, la Asamblea convocará la reunión de alto nivel sobre aumento del nivel del mar, una cuestión existencial para los pequeños Estados insulares en desarrollo y para las naciones de bajo litoral en todo el mundo. Reconociendo que la crisis climática no se puede disociar de la salud de nuestros océanos y de la biodiversidad, aprovecharé los procesos clave, incluyendo el Decenio de los Océanos y la primera Conferencia de las Partes al Acuerdo sobre la Diversidad Biológica Marina en las zonas más allá de la jurisdicción nacional, BBNJ, para avanzar en acción oceánica basada en ciencia y mayores alianzas. Cuarto, impulsaré los derechos humanos y defenderé el papel de la Asamblea General para lograr su protección. Respaldaré una mayor cooperación entre mecanismos de derechos humanos de Naciones Unidas y sociedad civil y otras partes interesadas, al tiempo que prestaré todo el apoyo de mi oficina a las reuniones de alto nivel que conmemorarán el 25 aniversario de la Declaración y Programación de Durban y el 40 aniversario de la Declaración del derecho al desarrollo. Seguiré muy concentrado también en proteger el espacio humanitario y defender los derechos y dignidad de refugiados, migrantes y comunidades desplazadas, cuya terrible situación con demasiada frecuencia desaparece de los titulares, aun cuando su sufrimiento sigue persistiendo. Este compromiso para mí es personal. Bangladesh ha brindado cobijo a más de 1,2 millones de rohingyas desplazados a la fuerza de Myanmar. y yo he podido constatar su situación muy de cerca, cuando ocupaba el cargo de alto representante de mi Gobierno para la cuestión rohingya. Su experiencia y la de los desplazados por doquier nos recuerdan que los derechos humanos deben medirse no solo por los compromisos que asumimos en esta sala, sino por la dignidad y la protección que se brinda a las personas en su vida cotidiana y por nuestra acción para resolver de forma duradera estas cuestiones. Quinto, hemos de contribuir a garantizar que la transformación tecnológica sirva a las personas por doquier y no deje a nadie atrás. La IA y otras tecnologías emergentes están dando nueva forma a la manera en la que trabajamos, aprendemos, nos comunicamos, resolvemos problemas a una velocidad vertiginosa. Una responsabilidad canalizada de estas de estas tecnologías puede servirnos para acelerar en el desarrollo, mejorar servicios públicos y ampliar el acceso a conocimientos y oportunidades. Pero estos beneficios No se repartirán de forma equitativa de no ser que colmemos las brechas digitales persistentes, reforcemos salvaguardas, creemos sistemas de gobernanza que protejan derechos humanos y confianza pública. Apoyándome en el Pacto para el Futuro y el Pacto Digital Mundial, trabajaré con los Estados miembros para impulsar un enfoque inclusivo a la cooperación digital y tecnologías emergentes. Obraré por implicar de manera efectiva a la comunidad científica y de innovación, a los líderes del sector industrial y académico y a las organizaciones de investigación en este proceso. En sexto lugar, y sustentando todas estas prioridades, hemos de restaurar la confianza en el propio multilateralismo. Con esto vuelvo a mi visión de nosotros, los pueblos reimaginados, con unas Naciones Unidas adecuadas para el futuro y que dé resultados para todos. La confianza en esta institución depende de su capacidad de dar resultados. En ese sentido, felicito al Secretario General por su trabajo en la reforma de Naciones Unidas y reconozco la atención y dedicación de mi predecesora a la iniciativa ONU80. Impulsaré su trabajo y respaldaré el proceso de reforma, actuando como puente entre ustedes, miembros de la organización, quienes tienen la última palabra en la toma de decisiones, y el Secretario General y su equipo, que tienen el mandato de dar opciones concretas para el camino a seguir. También aprovecharé mi poder de convocatoria. Prestaré especial atención a la labor de los equipos de países de Naciones Unidas. Su labor afecta de forma directa a los pueblos de Naciones Unidas. Yo he estado implicado muy de cerca con el equipo de país de Bangladesh, que ha trabajado con gran efectividad respaldando a los rohingyas en distintos emplazamientos en los próximos días y semanas. Estoy deseoso de ponerme en contacto con las principales comisiones y reforzar la organización para mejorar su estabilidad financiera. Insto a todos los Estados miembros a que paguen sus cuotas prorrateadas a tiempo, de forma completa y sin condiciones. Pero este llamado debe ir acompañado de un compromiso igualmente claro con la rendición de cuentas. Los recursos atribuidos a las Naciones Unidas No solo vienen de los más ricos de entre nosotros, también representan los sacrificios, las esperanzas y las contribuciones que tanto costó ganar a las personas de a pie de todo el mundo, incluyendo los que viven en comunidades más pobres y vulnerables. Tenemos el solemne deber de velar porque cada recurso, cada centavo, sea utilizado de forma responsable, transparente y efectiva. Todos los días, en mi oficina, Me recordaré esto y se lo recordaré también a ustedes. Es nuestro deber. Obraré por profundizar el contacto con la sociedad civil, sobre todo con los jóvenes, que forman la mayor parte de la humanidad y, sin embargo, tienen la menor cuota de decisiones en lo que tiene que ver con su futuro. Esta implicación con partehabientes está pensada para que las Naciones Unidas aprovechen las ideas y experiencias de los pueblos a los que debe servir. Excelencias, cumplir estas seis prioridades requiere que sigamos siendo fieles a los valores de nuestra Carta, adaptando al mismo tiempo en esta institución a un mundo muy diferente del de 1945. Y para que las Naciones Unidas sigan siendo indispensables en un mundo cambiante, también deben ser adecuadas a los fines que persigue y al futuro. Los logros de las Naciones Unidas no deben ser excusa para la complacencia. Tampoco sus carencias deben ocultar lo que sigue siendo esencial. Seguiremos, o más bien, debemos seguir examinando de forma continua nuestro trabajo con honestidad y humildad identificando sin dudar las carencias y trabajando juntos de forma incansable para mejorar nuestra capacidad y eficiencia, de modo que nuestra organización pueda responder de forma creíble a los retos del presente y del futuro. Excelencias, durante mi campaña dejé claro que la promesa que les hacía en relación a la Oficina de la Presidencia de la Asamblea General la iba a cumplir, que iba a plasmar la diversidad de las Naciones Unidas en sí, equilibrada geográficamente, con equilibrio de género y diversidad lingüística. También prometí que los países pequeños y en desarrollo tendrían una voz que sería escuchada y un apoyo específico en mi oficina. Me complace indicarles que estos compromisos han sido cumplidos y en muchos casos, incluso con creces. Mi oficina ha sido diseñada de forma deliberada para ser representativa, inclusiva y con capacidad de respuesta, porque unas Naciones Unidas que quieren servir a todos deben aprovechar la fuerza que viene de la diversidad de todos. Y porque las inquietudes de los países pequeños y en desarrollo no son periféricas, Son voces estas que deben ser escuchadas, entendidas y reflejadas en lo más central de nuestra agenda común. Además, las mujeres representan el 60% de mi equipo. Esta es una plasmación de mi compromiso con el liderazgo esencial y la pericia que aportan las mujeres a este trabajo. Excelencias, igual que todas las demás instituciones, el éxito de las Naciones Unidas viene determinado principalmente por sus dirigentes. Esto me lleva a otra responsabilidad importante de este período de sesiones: la elección del o la secretaria general. En los próximos días trabajaré con los presidentes del Consejo de Seguridad y con todos ustedes para velar porque este proceso se mantenga en términos de equidad, inclusividad y transparencia, cumpliendo plenamente las reglas existentes y según lo que estipula el artículo 97 de la Carta, que deja muy claro El secretario o secretaria general será nombrado por la Asamblea General, según la recomendación del Consejo de Seguridad. Confío en que abordaré este enfoque con la gran seriedad, imparcialidad y apertura que requiere, con todo el respeto a los mandatos respectivos del Consejo y de la Asamblea General. Excelencias, hace 40 años, en 1986, estuve en esta misma sala como miembro recientemente electo de la Oficina de la Presidencia en el 40.° periodo de sesiones. Recuerdo ese momento con el optimismo y el asombro que me embargaba, porque en esta sala se hace historia. Aquí las decisiones tienen el potencial de dar forma al futuro de países, cambiar las vidas de las personas de generación en generación, en distintos lugares del mundo. También quiero mencionar esa fecha del 25 de junio de 1945 en San Francisco, cuando se sometió a votación la Carta de Naciones Unidas y cuando todas las delegaciones estuvieron a la altura, se pusieron en pie y se quedaron en pie. La confianza ahí estaba manifestada de forma visible. Es algo que heredó esta Asamblea. 40 años después, vuelvo a esta sala con el mismo sentido de posibilidad y una conciencia mucho más profunda del papel que me incumbe ahora. No será fácil, pero como diplomáticos de larga experiencia que somos, sé que estaremos a la altura. Por eso estamos aquí, para asumir un trabajo difícil, para colmar diferencias, para forjar soluciones colectivas que no se pueden alcanzar de forma aislada. Comienzo mi presidencia con una convicción clara: la confianza no se puede pedir tan solo, debe ganarse. Debe ganarse con las decisiones que tomemos, con los compromisos que cumplamos y, sobre todo, con los resultados para los pueblos a los que servimos. Yo me comprometo a cumplir esta tarea plenamente. No me faltará honestidad, probidad, imparcialidad ni esfuerzo. Les invito a todos a sumarme, a sumarse a mí para hacer de este octogésimo primer Pleno de Sesiones uno de los que pasará a la historia por haber cambiado las tornas de nuestra organización y habernos llevado en este noveno decenio con confianza, propósito y determinación. Porque cuando el mundo nos pregunte si creen en esta organización, la respuesta tiene que ser una sola. Sí. Gracias. Muchas gracias. Es un placer para mí ofrecer ahora la palabra al Secretario General de Naciones Unidas, el excelentísimo António Guterres.
Señor presidente de la Asamblea General, enhorabuena una vez más por su elección. Un agradecimiento a la presidenta saliente, la excelentísima Annalena Baerbock, por haber dirigido con mano diestra esta Asamblea durante el año pasado. Puede usted contar con mi pleno apoyo, señor Presidente Khalilur Rahman, ahora que asume esta importante tarea. Su destacada experiencia política y diplomática, junto con su conocimiento profundo de las Naciones Unidas, son la mejor garantía de éxito ahora que asume este alto cargo. A lo largo de su distinguida carrera, ha demostrado un compromiso incansable con el diálogo, la formación de consenso y la cooperación internacional, cualidades que le servirán en mucho a la Asamblea General en el año que tenemos por delante. Acojo el tema de su presidencia, señor Presidente, restaurar la confianza y gestionar la transformación a fin de que Naciones Unidas generen resultados para todos. Reconstruir la confianza en el sistema multilateral es el reto definitorio de nuestra era. Estoy deseoso de trabajar con usted, presidente, para seguir avanzando en este esfuerzo clave. Presidente, Excelencias, en estos tiempos convulsos, el sistema mundial de resolución de problemas es más crucial que nunca. Encaramos conflictos, divisiones y el riesgo de escalada nuclear, pobreza y desigualdad persistentes, caos climático cada vez más profundo. Las tecnologías como la inteligencia artificial, que ofrecen grandes promesas, pero también grandes peligros si no cuentan con una buena gobernanza y transparencia por lo que se refiere a su huella medioambiental y progresos muy lentos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Los desplazamientos han alcanzado niveles récords. El sufrimiento humano se intensifica, mientras que los fondos para el desarrollo y la ayuda se están recortando. Las instituciones del sistema multilateral, desde el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pasando por la arquitectura financiera internacional, están sufriendo graves presiones. Los derechos humanos, el derecho internacional, que están en el seno de nuestra organización, muchas veces son pisoteados con impunidad. Y la falta de confianza geopolítica, las sospechas siguen bloqueando soluciones efectivas que necesitamos y erosionando la fe de los pueblos en las posibilidades de la cooperación global. Pero me sumo a ustedes en esta apertura de la Asamblea General por última vez como Secretario General, con la gran esperanza gracias al trabajo que se produce aquí. Desde el primer momento, este ha sido un lugar en el que los problemas más difíciles y más cruciales de nuestro mundo se encaran de forma directa. Bajo su liderazgo, presidente, a través de la diplomacia, el diálogo y la colaboración, esta asamblea puede reconstruir la confianza y la buena fe que brilla por su ausencia en la geopolítica actual y garantizar a los pueblos que el mundo heredará será un mundo mejor, más pacífico, más sano. El camino a seguir, Excelencias, es claro. El Pacto para el Futuro y la Iniciativa 180 ofrecen una hoja de ruta para actuar, aportar soluciones y llevar a cabo reformas audaces que preparen a nuestra organización para el futuro. Las labores de esta Asamblea serán determinantes para dar forma a estos compromisos. Ahora que iniciamos el 41.º período de sesiones de la Asamblea General, demostremos que estamos a la altura de los retos del presente, cumplamos las grandes promesas encarnadas por la Organización y, con un espíritu solidario, obremos para aportar al mundo las soluciones que tanto necesitamos. Señor Presidente, puede usted contar con mi pleno apoyo en este esfuerzo esencial. Muchas gracias.
Gracias, señor Secretario General. Excelencias, señoras y señores, a continuación, de conformidad con la práctica establecida, me gustaría señalar a la atención de la Asamblea el documento A/81/360. En él figura una carta del secretario general dirigida a la presidencia en que informa a la asamblea de aquellos Estados miembros que están en situación de mora en cuanto al pago de sus cuotas a las Naciones Unidas, según el artículo 19 de la carta. Quisiera recordar a las delegaciones que, según dicho artículo 19, y cito, "el miembro de las Naciones Unidas que esté en mora en el pago de sus cuotas financieras para los gastos de la Organización no tendrá voto en la Asamblea General cuando la suma adeudada sea igual o superior al total de las cuotas adeudadas por los dos años anteriores completos. La Asamblea General podrá, sin embargo, permitir que dicho miembro vote si llegare a la conclusión de que la mora se debe a circunstancias ajenas a la voluntad de dicho miembro. Puedo considerar entonces que la Asamblea toma nota de la información que figura en el documento A/81/360. Así queda acordado. A continuación, me gustaría invitar a la Asamblea a pasar al nombramiento de los miembros de la Comisión de Verificación de Poderes. El artículo 28 del Reglamento establece que la Asamblea, al inicio de cada período de sesiones, nombrará, a propuesta de la Presidencia, un Comité de Verificación de Poderes integrado por nueve miembros. Así pues, se propone que para el octogésimo primer período de sesiones, el Comité de Verificación de Poderes esté integrado por los siguientes miembros: Bahamas, Bélgica, Benin, China, Jamaica, Federación de Rusia, Vanuatu, Uganda y Estados Unidos de América. Puedo considerar que los Estados que acabo de mencionar quedan nombrados en este momento como miembros del Comité de Verificación de Poderes. A falta de objeciones, así queda acordado. Se recuerda a las delegaciones que las credenciales deben presentarse a la Oficina de Asuntos Jurídicos. En la nota informativa que lleva por signatura A/INF/81/4 figuran datos adicionales. Ahora voy a hacer algunos anuncios. Antes de concluir, quisiera informar a las delegaciones de que la Mesa se va a reunir mañana por la mañana, el miércoles 9 de septiembre de 2026, a las 10:00 de la mañana, en la sala del Consejo de Administración Fiduciaria, para considerar el memorando del secretario general sobre la organización del octogésimo primer periodo de sesiones de la Asamblea General, la aprobación del programa y la asignación de temas en el documento A/BUR/81/1. Concluye de esta manera la primera sesión plenaria de la Asamblea en su octogésimo primer periodo de sesiones. Gracias, y se levanta la sesión.